Abe: un halcón heredero de una dinastía política | Internacional

Para algunos es un halcón conservador de peligrosas tendencias nacionalistas. Para otros, el hombre que devolverá a Japón al lugar que se merece. De lo que no cabe duda es de que el primer ministro japonés, Shinzo Abe, de 60 años, es un político nato. Su decisión de adelantar dos años las elecciones y celebrarlas este domingo fue algo que pocos votantes entendieron. Pero por extraña que pareciera inicialmente su apuesta política, ha demostrado saber jugar sus cartas como el mejor tahúr —y ha dejado sin baza a la oposición—.

Con una supermayoría en la Cámara baja y dos años de mandato aún por delante, la convocatoria de comicios adelantados el pasado noviembre no parecía tener mucho sentido. Pero encontró a los partidos de oposición desorganizados y sin tiempo para armar una estrategia electoral coherente —la campaña ha durado solo dos semanas— y la jugada le ha salido redonda: renovará su mayoría de dos tercios y podría, si lleva su mandato a término, gobernar cuatro años más, todo un logro en un Japón que ha tenido siete primeros ministros en los últimos 13 años.

Es un vuelco con respecto a 2007, cuando dimitía de su primer mandato como jefe de Gobierno tras solo un año en el cargo. Fotogénico y extrovertido, a sus 52 años Abe era entonces el primer ministro más joven que había tenido Japón. Pero una serie de escándalos protagonizados por él y sus ministros —afirmó entonces que no había pruebas de que se obligara a mujeres a servir como esclavas sexuales a las tropas japonesas durante la II Guerra Mundial— erosionaron su tirón popular.

Tras años de oscuridad política, el tenaz Abe regresó a la primera línea en 2012. Con un programa que prometía relanzar la economía, “proteger tierra y mar de Japón” y devolver a su país un protagonismo internacional perdido a medida que lo había ganado China, se impuso con contundencia en las elecciones de ese año. “Japón ha vuelto”, proclamó tras su victoria.

Su segundo mandato se ha caracterizado tanto por su programa económico keynesiano, sus famosas Abenomics, como por una política exterior de corte nacionalista. Irritó a Pekín —y a Seúl— al visitar el santuario de Yasukuni, donde se veneran las almas de varios criminales de guerra. Los lazos con China se deterioraron drásticamente también por disputas territoriales y la reinterpretación de la Constitución japonesa para permitir que las fuerzas niponas puedan combatir fuera de su territorio para defender a otros aliados. No obstante, el primer encuentro entre el primer ministro japonés y el presidente chino, Xi Jinping, el pasado noviembre parece apuntar a un posible inicio del deshielo.

Casado, sin descendencia, hijo y nieto de políticos —su abuelo, Nobusuke Kishi, fue primer ministro y su padre, Shintaro Abe, ministro de Exteriores—, nació en Yamaguchi y estudió Ciencias Políticas. Tras finalizar sus estudios en EEUU y tras un breve paso por el mundo de la empresa, en 1993 fue elegido por primera vez diputado. En 2003 se convertiría en secretario general del PLD. Junichiro Kouzumi (2001-2006), a quien sucedería al frente del Gobierno, le haría ministro portavoz.

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