A nosotros no nos iba a pasar

Aunque mire el vídeo una y otra vez no consigo comprender su contenido. La conmoción que me provoca no cesa. En él veo un grupo de jóvenes adultos dentro de una casa preparando explosivos con los que pretenden acabar con la vida de muchas personas, incluidas las suyas propias. El aspecto externo de estos chicos, sus facciones, su acento, sus ademanes, incluso su forma de reírse, me resultan tremendamente familiares. Sin embargo, el parecido que puedan tener con los chicos de mi barrio es superficial, tal vez condicionado por el hecho de que quienes somos percibidos como “otros” acabamos interiorizando esa otredad como algo real. Nosotros, los otros, los que nacimos en familias musulmanas, ¿qué tenemos que ver con un grupo de hombres llenos de odio capaces de asesinar a inocentes? Nada. En realidad lo único que los terroristas tienen en común con mis compañeros de colegios, parientes y vecinos de infancia es su aspecto externo. El islam en nombre del que actuaron tampoco se parece al islam que nos enseñaron nuestras familias, completamente ajenas al uso de la violencia.

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