A la venta la casa Boulter, de Frank Lloyd Wright, con todos sus muebles, por solo 600.000 euros | ICON Design

Poco después de que finalizara en 1956 la construcción de esta vivienda familiar de dos plantas, que hoy sale a la venta, Frank Lloyd Wright se dedicó casi en cuerpo y alma a escribir ensayos a favor de la horizontalidad y en contra de la verticalidad, a la que acusaba de provocar vértigo; casi tanto como el que se siente al observar su ínclita casa de la cascada desde abajo.

La casa Boulter, que se vende con los muebles originales diseñados por el arquitecto, no solo cumple con sus ulteriores normas de altura de las edificaciones. Más cerca de la funcionalidad sin añadidos que de la fantasía futurista ‘mid-century’, la vivienda arrastra la herencia de la sobriedad y los materiales que Wright aplicó a sus casas Usonia durante la II Guerra Mundial, cuando Estados Unidos atravesaba una grave crisis económica y la mayoría de las construcciones se había paralizado.

Esto no quiere decir que sea de factura barata: registrada como patrimonio histórico, está construida con caoba africana y filipina, abeto de Douglas, bloques de cemento y vidrio; y cuenta con algunos de los elementos clásicos de Wright, como calefacción por suelo radiante. Hoy, sin embargo, sale al mercado a un precio que los amantes de la obra del arquitecto no han dudado en calificar de irrisorio: 695.000 dólares (algo más de 600.000 euros).

La sorpresa viene cuando haces una búsqueda rápida en Google y descubres que muchas de las viviendas que Frank Lloyd Wright construyó salen a la venta por precios relativamente bajos para el mercado. En 2016, una de sus casas en Michigan colgó el cartel de «se vende» por 500.000 dólares (440.000 euros). Y, además, cuesta mucho venderlas. ¿Por qué?

Si eres el dueño de una casa de Wright, el arquitecto más reconocido de Estados Unidos, vas a tener muchos merodeadores, estudiantes y asistentes a conferencias sobre su obra que quieren ver una de sus creaciones en vivo y en directo, aunque estés en pijama. Además, cuando compras una pieza que forma parte de la historia de la arquitectura, tú entras a formar parte también de su historia y venderla se convierte en el más exigente de los exámenes de oposiciones: muchos propietarios no la soltarán hasta que el candidato sea, a sus ojos, alguien que está dispuesto a cuidar la vivienda.

Otro de los hándicaps de sus casas, aparte de que muchos compradores prefieren no invertir en una vivienda anticuada que debe conservarse como está, es que suelen estar ubicadas en lugares idílicos, sí, pero alejados de la civilización. ¿Quizá debido a su afición de salir a pasear en su descapotable amarillo? No es el caso de esta, diseñada para la señora Boulter —hija del proveedor de materiales de construcción Henry J. Neils, para quien Wright ya había hecho una casa en Minnesota— y su marido, ambos estudiantes de Wright en la universidad. La vivienda está situada a pocos minutos a pie del barrio Gaslight Clifton de Cincinnati (Ohio, EE UU), lleno de bares, restaurantes y tiendas.

La casa Boulter tiene 228 metros cuadrados, con grandes ventanales y un balcón flotante con el sello inconfundible de Wright. Cuenta con dos modificaciones sobre el plano original: la primera, de Wright, para crear un salón de juegos para los dos hijos de la pareja; en la segunda, de 1990, el arquitecto local Chris Magee cerró la cochera y la adjuntó a la casa principal, además de actualizar el baño principal y el comedor. El resto, está tal y como Wright lo diseñó desde un principio: cocina «eficiente», como decían sus notas, es decir, pequeña y funcional; un enorme salón a dos alturas, y cuatro habitaciones, de 9 metros cuadrados, que siguen el estilo usoniano como si fuera religión.

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