6ix9ine, el rapero que delató a una banda para evitar 47 años de carcel, ha roto todos los records durante su arresto domiciliario | ICON

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Nadie esperaba un regreso tan fulgurante. Hace apenas unos meses, el rapero hispanoamericano 6ix9ine -nacido como Daniel Hernández hace 24 años en Nueva York- protagonizaba miles de titulares tras ser detenido por pertenencia a banda armada en una macrooperación contra el crimen organizado. Pero, cuando todo el mundo contaba con una larga estancia entre rejas del rapero, su colaboración con la justicia redujo su pena a la mínima expresión y el coronavirus acabó por ser su salvación: Hernández es asmático y pasará el resto de su condena en arresto domiciliario.

Apenas un mes después de ser liberado por “razones humanitarias”, 6ix9ine ya vuelve a ser noticia. El pasado viernes lanzaba GOOBA, un tema de trap muy en la línea de sus primeras canciones, en el que su agresivo estilo contrasta a propósito con el multicolor arcoiris que siempre ha caracterizado su apariencia física. Entre bailarinas con pegotes de pintura, un cachorro de dálmata y una tobillera policial, 6ix9ine se atreve a compararse con el coronavirus e incluso se refiere a sus “chivatazos” a las autoridades federales, mientras repasa otros temas más típicos del género como la cantidad de dinero que tiene o las mujeres de las que se rodea.

El single ha arrasado con más de 100 millones de reproducciones en YouTube en solo tres días, de las cuales 43 millones fueron en las primeras 24 horas, lo que le convierte en el vídeo de hip-hop más visto en menos tiempo en la historia del canal. 6ix9ine también ha roto el récord de Instagram Live, cuando el 8 de mayo se lanzó al directo desde su casa para comentar su regreso: llegó a haber dos millones de espectadores viéndolo desde sus móviles.

En teoría ,todo esto, sin promoción ni distribución profesional de ningún tipo, ya que el rapero no ha firmado con ninguna gran discográfica y la gestión de su regreso la coordinan él y su equipo más cercano desde el arresto domiciliario. Aunque la revista Rolling Stone hablaba de un contrato por 10 millones de dólares firmado con 10K, la influyente discográfica con la que consiguió sus primeros éxitos Sea como sea, la estrategia le funciona: las proyecciones aseguran que GOOBA podría encaramarse a lo alto de la cotizada lista de Billboard para la próxima semana.

Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo puede ser que Hernández, que en 2015 se declaró culpable de un delito de abuso sexual a menores, tras mantener relaciones con una manor de 13 años cuando él ya había cumplido 18 y que a finales de 2018 se enfrentaba a más de 47 años de cárcel por pertenencia a banda armada esté ahora arrasando Internet desde la tranquilidad de su hogar? ¿Qué hace que este rapero de 24 años haya sido varias veces top 10 en Estados Unidos?

El troll del rap

desde sus inicios, 6ix9ine ha sido un profesional de llamar la atención. Por un lado está, por supuesto, su polémico aspecto físico, con el pelo y los dientes teñidos de los colores del arcoiris y tatuajes con el número de su nombre -que en sí es también un chiste verde- repartidos por cuerpo y cara. Pero, sobre todo, el rapero es un genio del arte de ser noticia permanentemente. Una semana tenía beef [disputa verbal entre raperos, normalmente mediante canciones que buscan ridiculizar al adversario] con cualquier artista que se le antojara, en otra protagonizaba un vídeo rocambolesco y a la siguiente desafiaba a bandas criminales de la otra punta del país.

6ix9ine exprimía al máximo las redes sociales, sobre todo Instagram, y el resultado compensaba: a pesar de estar en un sello independiente, el rapero era un habitual de los puestos altos de la Billboard. Incluso sus desvorgonzados escarceos con la música latina -su español es muy limitado- tenían éxito: su colaboración con Anuel AA, BEBE, fue número uno en España y varios países latinoamericanos.

Pero, sobre todo, eran sus desencuentros con raperos de la talla de 50 cent o Chief Keef, que coincidían casualmente en el tiempo con el lanzamiento de nuevos singles, los que alimentaban la máquina de éxitos del joven hispanoamericano. De hecho, en el caso de su beef con el padrino del trap de Chicago, 6ix9ine llegó a pasearse por el barrio más peligroso de la ciudad del viento durante un minuto para “demostrar” que él no le tenía miedo a nadie. Poco tiempo después, lanzaba una nueva canción, FEFE, con Nicki Minaj, que llegó al número 3 de las listas estadounidenses.

Eso sí, esta alocada realidad ocultaba un trasfondo oscuro. Por un lado, estaban las cosas que ya se sabían. Antes de ser famoso, Hernández se dedicaba al menudeo de drogas, principalmente marihuana. Y en 2018, 6ix9ine se encontraba en libertad condicional después de haber sido condenado por grabar a una menor mientras le practicaba sexo oral y difundir el vídeo en Internet.

Pero, el ojo del huracán legal que estaba a punto de alcanzarle se encontraba en su involucramiento en una banda como Nine Trey Gangsters, asociados con los famosos Bloods. Tras conocer a varios de sus dirigentes en la prisión de Rikers, Hernández recibió apoyo económico de la banda, que estaba vinculada al tráfico de drogas y ha sido descrita por las autoridades estadounidenses como “extremadamente violenta”. De hecho, varios de sus miembros protagonizan el videoclip de su primer hit, GUMMO, y uno de los capos locales, “Shotti”, cuyo nombre real es Kifano Jordan, llegó a ejercer como mánager de Hernández durante ese decisivo 2018 en los que despuntó su carrera musical.

El propio 6ix9ine, que también utiliza el alias de Tekashi, presumía de su relación con la banda, que le proporcionaba además seguridad en todos sus conciertos y salidas a la calle. Su vinculación con el crimen organizado le aportaba además credibilidad en el mundo del rap, que desde sus inicios ha estado muy vinculado a la noción de street cred y en el que todavía ser un gángster suele ser sinónimo de respeto.

El problema es que esa vinculación había llegado demasiado lejos y llamaba mucho la atención. Las autoridades federales no tardaron en llamar a su puerta. En una macrooperación RICO, similar a las que se usaban en el siglo XX para acabar con el poder de la mafia italiana, 6ix9ine fue arrestado y acusado de delitos muy graves, que iban desde uso de armas a la conspiración, pasando por el tráfico de drogas, el robo a mano armada y las amenazas. En total, sobre la cabeza del popular rapero pendía una espada en forma de 47 años de prisión, que era la petición de condena de la fiscalía.

De gángster a soplón

El rapero no tardó en reaccionar. Aconsejado por su abogado, 6ix9ine reconoció que era miembro de Nine Tray, pero aseguró que jamás había estado involucrado en sus actividades ilegales y que solo se servía de ellos para organizar su seguridad y mejorar su reputación ante otros raperos. Durante más de dos días de testimonio y una tarde de contrainterrogatorio, 6ix9ine fue detallando los crímenes que habían cometido sus socios.

Hernández dejó muy claro que no tenía ninguna intención de pasarse la vida en la cárcel y colaboró con los federales desde el primer momento. En cuestión de meses, pasó de mirar de frente a la posibilidad de estar en prisión hasta que su colorido cabello se volviera blanco a recibir una sentencia drásticamente reducida: 24 meses de cárcel y cinco años de libertad condicional. Todo gracias a un testimonio que fue clave para condenar a algunos de sus antiguos aliados, como Anthony «Harv» Ellison o Aljermiah «Nuke» Mack, por distribución de narcóticos, secuestro, organización criminal e incluso intento de asesinato. Su ex-manager, Shotti, también acabó entre rejas por las confidencias del rapero.

Por supuesto, esta colaboración con la justicia hacía que el rapero pasara a estar en el punto de mira de la banda criminal. Pero a pesar del posible peligro que corre su vida, 6ix9ine decidió rechazar el programa de protección de testigos, aunque hubiera sido curioso comprobar cómo se podía ocultar a un hombre con más tatuajes faciales que centímetros de piel libre. Hernández quería retomar su carrera musical justo donde la dejó y, tras conseguir la libertad incluso antes de lo previsto por su condición de asmático, se ha puesto manos a la obra.

El que ahora 6ix9ine sea abiertamente un soplón le puede costar caro en esa “credibilidad” que se había ganado durante su meteórico ascenso en el mundo del rap. Pero a Hernández parece darle igual. En su aparición pública en Instagram, decidió no esconderse ni un segundo del hecho de que cooperó con el gobierno para obtener un acuerdo favorable y se refirió a sí mismo como “rata” entre risas y proclamas de que era “el artista más influyente de Estados Unidos”.

Esta actitud de invulnerabilidad a pesar del riesgo que corre ya le ha jugado malas pasadas en el poco tiempo que lleva en arresto domiciliario. El fin de semana de su liberación, una fan le reconoció tomando el sol en el balcón de la casa de enfrente y compartió en sus redes sociales un vídeo en el que alardeaba de su descubrimiento. A los pocos minutos, varios internautas había identificado y filtrando la dirección de la casa de Los Ángeles en la que se ocultaba 6ix9ine, que tuvo que cambiar de domicilio a toda prisa. Eso si, fiel a su estrategia de llamar la atención, el rapero huyó de la vivienda con ropa de miles de colores en un poco discreto Range Rover de color naranja fosforito.

Lo que parece claro es que 6ix9ine ha decidido volver a las andadas no solo en lo musical, sino en su incomparable estrategia de marketing. Él ha vuelto para trollear. En los apenas cinco días que han pasado desde su vuelta a las redes sociales, Tekashi ha tenido tiempo de volver a tener beefs con otros raperos como Snoop Dogg o Meek Mill, que no ven con buenos ojos que el joven hispanoamericano presuma de haber delatado a sus antiguos socios ante la policía. En Instagram, ha borrado todas las personas a las que sigue y solo apoya dos páginas actualmente: la de la policía local de Nueva York y la del FBI. Sin duda, un auténtico genio de llamar la atención a través de la polémica.

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