50.000 autogoles

Las cifras cerradas nos conmueven. Ya sea porque nos encaminan a la reflexión o porque nos elevan a una cierta solemnidad simbólica, el caso es que funcionan en un sentido diferente, para nuestra psicología, que el de los números comunes. La gente suele celebrar sus 15, 30 o 40 años de vida (de graduación o matrimonio) con mucho más barullo (y gastos) que los 17, los 32 o los 44. Del mismo modo, las sociedades y los gobiernos conmemoran centenarios con más facilidad que un aniversario 98… En fin. Quizá todo sea producto de la creencia de que, en medio del caótico universo, las cifras redondas pueden ofrecer un asidero de sentido. Para lo bueno, si hablamos de fiestas o plazos. Pero también para lo terrible.

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